DEVOCIÓN SIN PAUSA

Aparece su discografía completa cuidadosamente remasterizada y ocurre de nuevo: artículos sobre los Beatles, reportajes con las fotos nunca vistas de cuando comieron roast beef en el pub de una calle cercana a Abbey Road, entrevistas con el hermano del ayudante del técnico de sonido de Revolver… La devoción de la que son objeto The Beatles se revela continuamente como una devoción unánime y contra la cual, revolverse se antoja un sacrilegio o algo peor. Su importancia es innegable. Los Beatles inventaron la música pop y, además, lo hicieron en una década, los sesentas, en la que el mundo cambió mucho y muy rápido. Así que, de acuerdo, son los grandes protagonistas de la banda sonora de esa revolución. Pero desde entonces han transcurrido cuatro décadas, surgido decenas de movimientos y grupos revolucionarios. Es cierto que ellos llegaron en el momento en que todo estaba por hacer. Pero, ¿por qué han de ser siempre el modelo por el que ha de medirse todo los posterior? ¿Cuánto tiempo ha de pasar para que descubramos que hay otros grandes referentes pop que forman parte de nuestra vida cotidiana? Bowie, sin lugar a dudas, es uno de ellos: su música siempre está vigente y sus canciones suenan continuamente por una u otra razón en diversos momentos de nuestra vida cotidiana, ya sea un anuncio de televisión o una peli de Tarantino, por no hablar de su imagen cambiante que, en muchas de sus etapas, se ha convertido también en una referencia estética. Su influjo no es tan poderoso como el de los Beatles y, afortunadamente, su figura no incita a la devoción unánime. Siempre me han gustado los grupos “raros”, y por eso mismo, hace años que decidí huir de los cultos seudoreligiosos que se creaban y se crean alrededor de nombres como Velvet Underground, que durante unos años fueron, como los Beatles, intocables. Los cultos son un aburrimiento y el de los Beatles, por universal y machacón, se me antoja uno de los más cansinos posibles. Ni ellos ni su música tienen nada que ver con eso, es una simple cuestión acerca de cómo se empeñan en verles los demás y ese empeño generalizado en cómo se supone que tenemos que verles. Creo que uno de los placeres más grandes para un aficionado a la música debe ser escuchar una canción de los Beatles sin saber de quién es. Es un experimento que espero poner en práctica en breve. Ahora que reaparecen sus discos en el mercado seguramente me compraré varios de ellos. A pesar de que sé que tienen obras fascinantes, nunca he tenido discos de los Beatles en mi colección. Eso sí, de la odiada Yoko Ono tengo hasta un box set, nadie berrea como ella y, además, tiene la invalorable virtud de poner de mal hunor a los beatlemaníacos. Al fin y al cabo, ¿no se supone que el rock & roll es hacer justo lo contrario de lo que te ordenan?

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