FOTOS EN LAS PAREDES

Escucho Hands Up To The Ceiling conduciendo en un día que, al igual que Tracey Thorn describe en la letra, es gris y lluvioso. La sencillez de la canción  y la magia de la voz hacen que me se sienta arropado, aislado del frío de la costa, y todo invita a prestar atención y dejar que lo que oyes y lo que ves te impregnen. La primera estrofa habla de algún viejo lugar que permanece indemne ante el paso del tiempo. Allí, al subir unas escaleras, sobre las paredes, están las huellas de otra época. Terry Hall, Siuoxsie Sioux, Edwyn Collins y Bob Dylan en el 63… “Y todo lo que sabía era bueno…” Una imagen que me conmueve por familiar, porque del mismo modo que unos buscan amparo y protección invocando a los dioses, otros lo hacemos abandonándonos a un disco o una canción. ¿Qué mejor medicina para reafirmarnos en lo que somos que contemplar las imágenes que nos ayudaron a averiguar lo que éramos por dentro? Esas fotos forman parte de las canciones que nos llevaron a convertirnos a en lo que somos.

Una imagen de Lou Reed pálido y rubio en 1974. Esa especie de versión alternativa del Monte Rushmore no apta para menores que son algunas de las primeras portadas de los Stones. El rostro de Nico esculpido en mármol. Los Pegamoides criogenizados en la imagen perfecta de Otra dimensión. Los B-52’s sumidos en el tecnicolor de su primer álbum. El gesto orgulloso de Patti Smith retratado por Mapplethorpe para Horses. Prince, desafiante, vestido con una cazadora de cuero y una tanga. Imágenes que representan sonidos, canciones, estilos de vida y a veces también de muerte.

Fotos en las paredes y música que nos acoge y nos enseña algo más acerca de nosotros mismos: por alguna razón la escogimos. Hands Up To The Ceiling es un prodigioso y melancólico resumen de algo tan complejo como es el identificarnos con los artistas a los que amamos. En algunos de esos discos hallamos las palabras que necesitamos oír y nadie más va a decirnos. Y si ocurriera la contrario, ya da igual, nadie va decirlo como lo hacen esos versos, porque esas palabras ya han sido escritas y cantadas para nosotros; nos han hecho sentir y quizá también han conseguido situarnos en un mapa, aunque sea imaginario.

Escucho Hands Up To The Ceiling mientras veo caer la lluvia sobre el parabrisas. Recuerdo que yo también viví una época en la que todo lo que conocía era bueno. Muchos años después, me conforta descubrir que aunque mi adolescencia ya es una foto bastante borrosa, las fotos de las canciones que la iluminaron siguen ahí, ayudándome a recordar quién elegí ser.