AHORA NADA

“¿Y ahora, qué?”, pregunta el joven que se desnuda frente a Gil de Biedma en la secuencia final de “El cónsul de Sodoma”. “Ahora, nada”, contesta el poeta mientras la versión de Always On My Mind de Pet Shop Boys suena de fondo. Nada. Gil de Biedma ha muerto y ya no puede disfrutar de los placeres de la vida. Nada porque al final siempre se trata de eso: de nada. Nada es una mis palabras favoritas y, a mi juicio, también es una de las más inadecuadamente utilizadas. A veces, cuando lo que queda es nada, cuando lo que pasa es nada, es cuando realmente comienza la parte interesante de la historia. “Somos nada y nada nos ayudará”, canta David Bowie en “Heroes”, recordándome tantas veces como escuche la canción que incluso los más gloriosos momentos de pasión acaban en nada. El sexo termina en nada y el éxito también. Después de la satisfacción no hay nada y no lo digo solamente yo, lo dice también Andy Warhol. En Mi filosofía de la A a la B y de la B a la A, contaba que le hubiese encantado tener un programa televisivo titulado Nothing Special. Da igual con cuál de sus dos posibles significados nos quedemos –Especial Nada, o Nada Especial-, la idea se me antoja irresistible, sobre todo si se trata de televisión, que se ha convertido en el terreno acotado para los que lo quieren todo. Por cierto, ¿no es cargante esa canción de Queen que se llama I Want It All? La música y, por supuesto, el estribillo. No se me ocurre algo más abrumador que desearlo todo. Seguramente por eso, no soy nada, y menos en un tiempo en el que lo único válido es saberlo todo, hacerlo y quererlo todo. Entonces, ¿ahora, qué? Ahora, nada. Las obras de Carver salieron de algún tipo de nada y Donnie Darko también. Nada es una palabra que me relaja. Me libera de la ansiedad de tener que darlo todo, demostrarlo todo, ansiarlo todo. Nos pone en contacto con nuestra realidad y con lo que nos espera. Nos morimos y entonces, nada, como bien dice el Gil de Biedma de la película. En general, la vida, que lo es todo, en realidad no es nada. “Y ahora, qué?” “Ahora nada”. Es una de las frases más hermosas, por real y por sencilla, que he escuchado en mucho tiempo.