¿QUÉ HACEMOS CON COURTNEY?

Después de muchos tiras y aflojas, de muchos arranques con frenazo inmediato, de anunciar lo que después nunca se materializaba, Courtney Love vuelve a la música. Regresa rodeada de polémica (la discreción nunca ha figurado entre sus cualidades), su fiel compañera de toda la vida. Esta vez se trata de que, a costa de Hole, se anuncia una reunión que no es tal. Courtney Love, con Hole pero a su bola, regresa a los escenarios. La última vez que sacó un disco no se recuerda que fuera mucha gente a comprarlo. Y eso fue en 2004. Antes y después de eso, Courtney había seguido cultivando su perfil público como sólo ella sabe hacerlo: en los tribunales y con los titulares. Su currículo como celebrity es desde hace tiempo mucho más impresionante e interesante que el artístico. La Courtney que le monta un pollo a una azafata en pleno vuelo o que acojona a la novia de un ex; la misma que se queda sin la custodia de su hija por borrica. Esa que escribe con su incontinencia habitual en la redes sociales y las convierte en antisociales. La Courtney que se cree que es como Keith Richards o Kurt Cobain, cuando realmente a quien se parece es a un cruce genético entre O.J. Simpson y Belén Esteban. Courtney, perdón, Hole, vuelve a salir a la palestra. Lo hace con una canción titulada Skinny Little Bitch (Zorrita Delgaducha) que suena como podría haberlo hecho una canción de los auténticos Hole cuando Courtney todavía era una auténtica anti-rock star, un incordio que hacía algunas canciones memorables, que tuvo un par de estupendos álbumes y que aún gozaba del beneficio de la duda acerca de su verdadero talento. Llega ahora Skinny Little Bitch, el adelanto de lo que será su nuevo disco. Más de lo mismo pero hecho sin la convicción de antaño, un grito anacrónico. Compañeras de promoción como Björk y PJ Harvey han evolucionado con valentía, mientras que artistas de ahora como Beth Ditto o Florence Welch dan la pauta de lo que puede ser el rock femenino acorde al tiempo en que vivimos, algo personal, moderno y libre de estereotipos. Mientras tanto, ahí sigue Courtney , dedicándole un tema de grunge rock a una pobre desgraciada que a saber qué le habrá hecho. Igual que hace quince años. Igual que cuando empezó pero menos excitante y mucho más previsible. Pero vuelve, vuelve para grabar otro capítulo más de su propio reality. El disco, me temo, no justificará el pollo mediático que va a montar durante los próximos meses. Sólo servirá para que algunos de los que en el fondo deseamos poder seguir admirándola, nos  preguntemos: ¿qué hacemos con Courtney?

Foto: Hedi Slimane