SÓLO UNOS CRÍOS

Dos jóvenes con atuendo extravagante pasean por Washington Square uno de esos días en los que Nueva York se dejaba acariciar por el verano del amor. Su aspecto llama la atención de un turista que al verlos, prepara su cámara fotográfica: una imagen pintoresca para atrapar durante el viaje de vacaciones de 1967. De repente, la mujer del turista exclama: “Déjalo. Son sólo críos”. La foto, aunque nunca llegó a dispararse, se ha convertido en una poderosa imagen que incluso sirve de título a la obra en el que este momento es rememorado: Just Kids, el libro que Patti Smith ha escrito sobre sus días y sus años junto a Robert Mapplethorpe. Una relación mágica y magnética convertida en una película de imágenes para la mente, narrada por la voz subyugadora de la Smith. Dos seres destinados a encontrarse, unidos por el azar y por una fuerza más poderosa que el hambre, el desaliento y el crudo invierno neoyorquino: el deseo de vivir para crear. Patti Smith ejerciendo de modelo para las primeras polaroids de Robert Mapplethorpe, que a su vez la anima para que convierta su poesía en canciones. Ambos cuidan el uno del otro mientras van descubriendo realmente quiénes son, quiénes quieren ser. Y van a ver una exposición en el Whitney Museum, pero el dinero sólo les alcanza para una entrada, así que uno se queda en la calle, esperando a que el otro salga y le cuente. “Llegará un día en el que podremos entrar los dos en los museos y, además, las obras expuestas serán nuestras”, le dice él después de que ella le explique maravillada lo que ha visto. Un camino trufado de historias con personajes como Janis Joplin, Ginsberg, Jim Carroll, Candy Darling, Sam Shepard y Dalí, que al encontrarse con Patti Smith  en el hall del Hotel Chelsea le dice: “Eres un cuervo, un cuervo gótico”. Pero sobre todo, este libro refleja un vínculo inquebrantable que está por encima de casi todo, incluso de la muerte, una especie de comunión natural entre dos almas que provienen de un mismo limbo y cuya misión es mostrarnos la topografía invisible del alma, aquello que nosotros no podemos descubrir solamente con nuestra mirada. Benditos sean.