EL EFECTO MORODER

El otro día, de manera accidental, me di cuenta de algo que mi mente tiene asimilado desde hace años pero que de repente comprendí, porque a menudo ocurre eso, sabemos la teoría pero hace falta que llegue el momento en que la práctica nos ayuda a entenderla. El otro día yo comprendí porqué Giorgio Moroder es uno de los productores más importantes de la música pop de los últimos cuarenta años. Fue haciendo ejercicio. Hace unos días estaba escuchando música en el iPod mientras hacía spinning y de repente en el playlist irrumpió Call Me, de Blondie. Es una canción formidable, pero también es cierto que Blondie nunca habían sonado así de desatados, y la culpa es de Giorgio Moroder. La inyección de adrenalina fue tal (para colmo, era la versión extended) que hubiera podido subir a la cumbre del Aneto sin rechistar. Y de ahí la conclusión. Si un productor  es capaz de hacer que una canción te contagie energía para hacer cosas que normalmente no te apetece hacer, entonces es un productor magistral. Se pueden hacer canciones de amor y ponerles una orquesta; se pueden hacer canciones festivas y meter trompetas; se pueden hacer baladas calientes y poner redobles de batería en primer plano cuando llegan los momentos culminantes. Pero producir una canción que haga correr como si hubieses nacido para ello… eso si que es ser un genio. Moroder pertenece a esa estirpe. Podría empezar a enumerar los discos bendecidos por el efecto Moroder, pero eso, aparte de cortar el rollo, sería una pérdida de tiempo porque en la Wikipedia viene todo muy bien listado. Prefiero explicar los motivos por los cuales cada vez que oigo determinadas canciones me dan ganas de fundar un culto religioso dedicado al artista que en algún momento de su existencia firmó disco propios como Giorgio. La primera de ellas es I Feel Love, la canción que, junto a Kraftwerk, inició la electrónica pop contemporánea con la unión entre frialdad de los secuenciadores y la sensualidad de Donna Summer. I Feel Love es una canción multiusos. A mí me gusta mucho hacer la compra con ella, una labor terriblemente aburrida que, gracias a Moroder, se convierte en algo similar a una excursión por otro planeta. Haz la prueba: ponte los auriculares y escucha I Feel Love mientras buscas pan rallado, pesas tomates Raf o compras pasta dentífrica. Si la compra va a ser muy abundante y los 8 minutos de IFeel Love se quedan cortos, es recomendable poner detrás Number 1 In Heaven, de los Sparks,  que lleva también la firma Moroder. Para ordenar estantes, mesas de trabajo, librerías, etc. siempre se agradece tener a mano Cat People (Putting Out Fire), de Bowie. La voz de Bowie es un excelente contrapunto a la atmósfera misteriosa del tema (Muy importante: asegurarse de que se trata de la versión de 1981 y no la que grabó en el álbum Let’s Dance dos años después). Si la habitación está hecha un desastre, entonces mejor añadir Life In Tokyo, de Japan, o cualquiera de los temas del álbum From Here To Eternity, que el propio Moroder grabó en 1977. Además de para hacer ejercicio o la compra, arreglar la casa, las canciones con el toque Moroder son idóneas también para cuando vas en el coche a una cita muy aburrida,  estás en la sala de espera de un aeropuerto o tienes que escribir un texto sobre un artista que te da absolutamente igual. A pesar de algunos capítulos reguleros (que los tiene, y no son pocos) Giorgio Moroder es uno de los grandes talentos por reivindicar en la música actual. Alguien que te ayuda a transformar las partes más aburridas de la vida cotidiana en algo fantástico merece siempre un gran respeto.