LA PELÍCULA QUE JOHN WATERS AÚN NO HA HECHO

Hace ya algunos años, Alaska entrevistó a John Waters para El País. Entre otras cosas, hablaron de la fama y la celebridad, dos conceptos que ya entonces estaban en pleno proceso de mutación salvaje gracias a los realities y  los programas del corazón. Una de las cosas que se me quedó grabada de aquel encuentro fue cuando Alaska contaba lo impresionado que se quedó Waters cuando ella le explicaba cómo funcionaba Tómbola, espacio pionero de ese corazón que apenas tiene ya algo que ver con la prensa que le dio nombre, y cuyos momentos más audaces hoy nos parecen casi un chiste comparado con lo que se cuece casi a diario en esos platós. Por eso he llegado a la conclusión de que nuestros programas del corazón son, en realidad, la película que John Waters todavía no ha hecho. Los seguidores de su cine detectarán de inmediato los elementos waterianos que caracterizan a estos espectáculos. Por ejemplo, los periodistas que asumen el papel de jueces morales y que en realidad sólo son aún peores que sus acusados. Ningún personaje encarnado por Mink Stole es comparable a María Patiño. Y en cuanto a la siempre añorada Edith Massey, decir a sus seguidores que siempre nos quedará Lali Bazán para protagonizar ese biopic que Waters debería escribir realizar. También están quienes, aunque ellos lo ignoren, son personajes de ficción atrapados en un limbo de realidad esperando a que Water llegue y los coloque donde merecen estar: en alguna farsa disparatada donde los malos son absurdos y los buenos parecen a veces idiotas. Cualquiera que haya visto Hairspray, Cry-Baby, Pink Flamingos o Polyester, sabrá que en esos guiones hay sitio para muchas de las criaturas del famoseo actual. Qué gran película podría hacer Waters con la saga Pajares, qué gran personaje podría escribir inspirándose en Karmele, qué gran secundaria resultaría Paqui de Mónaco en cualquiera de sus historias. Cuando Alaska le hablaba a Waters de Tómbola, ni ella, ni muchísimo menos él, podían imaginar lo que aún quedaba por venir. Una especie de realidad paralela que a veces parece devorar otras realidades, pero que encontraría su verdadera dimensión si alguien como Waters lo convirtiera en materia prima para una de sus comedias excesivas y pasadas de rosca.