COSAS QUE NO NECESITO SABER

Una de los cosas más preocupantes en la música pop actual es que apenas queda capacidad de sorpresa. No es una alusión a la frase reaccionaria  “ya está todo inventado”, es la certeza de que las redes de información están logrando que el artista sea más importante que la obra. Puesto que hablamos de música pop, esto no tiene porqué ser algo malo, ya que en este campo la obra es un todo compuesto principalmente por la música, pero también por la imagen que proyecta el propio artista a través de las fotos, los vídeos, los conciertos, las entrevistas. Eso sí, lo que al final nos deja el artista, lo que se nos queda dentro y con lo que nos vamos a dormir y nos despertamos, es con la música. Y desde hace algún tiempo, el artista interfiere con ella. El voyeurismo de los cibernautas y el exhibicionismo del creador se han aliado para que exista un flujo de información sobre lo que éste último prepara. Lo que escribe, lo que graba, lo que piensa, lo que ensaya. Las fotos de la portada serán así, el rodaje del video comienza tal día. El trabajo se difunde a medida que se hace. Entonces toca preguntarse: ¿Parte de la fuerza de la música pop no reside en el misterio? ¿Necesitamos realmente saber tanto? Yo, como Bartleby, preferiría no hacerlo. Es un problema que discurre paralelo a otro factor: la facilidad con la que se captura y difunde información, algo que hace que sea prácticamente imposible sorprender. Se ha convertido en una tarea imposible mantener en secreto un título, una portada, un listado de canciones. Si un grupo hace una versión sorpresa en una festival, al día siguiente miles de personas han podido verla porque alguien lo ha granado con un móvil y se cuelga en YouTube. Si un artista le dedica una canción a su última novia con la que acaba de romper, alguien lo dirá en Twitter antes de que la canción termine. Si a un cantante le duelen las muelas, todo el mundo lo sabe porque lo pone en Facebook y hasta es posible que se cree un grupo tipo Para que Fulanito se ponga bien pronto de lo suyo. Dice mi admirado Jack White que la era en la que vivimos es la antítesis del modo en que a él le gusta crear porque la superabundancia de información y sus herramientas juegan en su contra. Y así nos encontramos con que cuando el disco de turno llega a nosotros, ya lo sabemos todo porque ha sido desmenuzado mientras se terminaba, analizado antes incluso de aparecer, comentado por doquier, apaleado, glosado, acusado, condenado. Y yo, francamente, cada día tengo menos ganas de saber todo eso y más de perderme a solas con el disco y experimentarlo sin que nadie me cuente tantas cosas que en realidad no necesito saber.