La vida según Marc Almond

Las despedidas casi siempre son tristes pero nunca faltará alguien que sepa ver la belleza que éstas a veces poseen, aunque sea melancólica. Con la misma eficacia con la que ha tocado otros temas –la pasión, el placer, la soledad, el desvanecimiento de la juventud- Marc Almond compuso, estando en Soft Cell, una de las canciones tristes más hermosas del pop: Say Hello Wave Goodbye. Está en Non Stop Erotic Cabaret, donde también se encuentra la conmovedora Youth (“la juventud se ha ido / te escuché decir”) y la celebérrima versión de Tainted Love, que  convirtió lo que originalmente era un pieza Northern Soul -interpretada por Gloria Jones, viuda de Marc Bolan- en un lamento por el amor comatoso, en el que los sintetizadores de Dave Ball creaban un efecto claustrofóco salpicado de inquietantes zumbidos. A lo largo de los años –son 30 ya-, Almond ha sabido escoger otras canciones ajenas que encajan perfectamente en su fresco vital. Así, Just Good Friends, la historia de un romance sin futuro (“te di toda mi devoción / no me guardé nada en la manga / si desapareciera de tu vida / ¿notarías que me he ido?”), aunque no logra sobrepasar la sobria desesperación del original de Peter Hammill, se convierte de la manera más natural en una composición perfecta para Almond. De la misma manera que ha conseguido escribir Under Your Wing, una de las canciones que mejor sintetiza ese proceso emocional  llamado amor y que, sobre todo, explica con su título (traducible como Bajo tu protección) la alegría y el temor,  la poderosa ilusión y la inexorable realidad en la que nos movemos al encontrar a alguien que le confiere un nuevo significado a nuestra existencia. En realidad, Almond le canta a la vida, a muchas de sus incertidumbres y a todos sus gozos. Sabe ver el brillo de esos momentos que quizá sean efímeros, el vértigo del riesgo cuando nos descubrimos abriendo nuestro corazón, la inconsolable desazón que produce el fracaso, la amargura de la decepción, la satisfacción de saber que somos capaces de arrancarle a la vida bocados de placer, a pesar de todo y a pesar del precio, esos momentos en los que el cielo y el abismo carecen de línea que los separe. Momentos que quizá sólo secuencias alternas que nos permiten tomar aire antes del ahora, nada. Cuando nos encontramos caminando por esos senderos, Marc Almond es una de las mejores compañías, del mismo modo que lo son los libros de John Cheever o una serie como A dos metros bajo tierra. En uno de sus capítulos, un cura dice durante un funeral: “Las personas entran en nuestra vida por alguna razón, y es responsabilidad nuestra aprender lo que tienen que enseñarnos”. Una vez logremos aprenderlo, y quizá después de una despedida que no debería ser para siempre, queda el consuelo de poder escuchar el eco  confuso de la vida en alguna canción de alguien como Marc Almond.