Arrebatado

Hace poco he descubierto que cumplo años el mismo que una de mis películas favoritas. Hasta ahora sólo podía presumir de haber nacido el mismo día que Johnny Depp, pero reconozco que la efeméride de Arrebato me llena mucho más. Cuando se estrenó en 1980, Arrebato era una película extraña. Treinta años después, sigue igual, es una anomalía, una presencia turbia e inquietante de la que quizás muchos deseen apartarse y de la que otros necesitamos sentirnos cerca. Precisamente porque se trata de una película sobre cine que trasciende al cine de una manera malévola, Arrebato no termina cuando la película muere con los créditos finales. Es una película vampira, pero no como esos vampiros cansinos y plomizos que están tan de moda últimamente. Tampoco se parece a los vampiros de True Blood, que son unos vampiros como dios manda, lujuriosos, contradictorios y divertidos, a los cuales adoro. El vampirismo de Arrebato tiene que ver con su propia esencia, con esa palabra talismán a la que alude el título, y cuya tercera acepción según el Diccionario de la Real Academia, es éxtasis. El éxtasis del que se habla en la peli de Iván Zulueta, eterna al modo de los vampiros protagonistas de las historias que tanto le atraían, es el éxtasis del voyeur, del mirón que sólo encuentra sentido al mundo observándolo. Observar lo mismo una y otra vez porque produce un placer inimaginable, porque parece que el tiempo se detiene y deja de importar. Fotografiar y filmar la vida alrededor, y la muerte también. Las primeras películas de Warhol eran  arrebatos, la búsqueda del éxtasis a través de una mirada infinita sobre algo que sólo es importante si es observado durante la cantidad de tiempo suficiente. El arrebato de Zulueta tiene ese poder y posee esa magia oscura. Cualidades que en este país suelen cobrarle un precio muy alto a sus creadores. Eso poco importa ya, y del mismo modo que en otros casos, la sombra de la injusticia siempre duele, con Arrebato duele menos, o duele con otra intensidad, porque uno tiene la sensación de que es una obra que nunca perteneció a este mundo. Como Donnie Darko, Arrebato es una película que me gusta ver  cada tanto, una noche de esas en las que la propia noche te dice que ha llegado el momento de sentarse, apagar la luz y verla de nuevo. Es algo más que una película, de ella emana algo que no sé explicar pero que tiene que ver conmigo. Nacimos el mismo día, pero yo creo que esa coincidencia existe sólo para darle sentido a mi lado arrebatado.