Todos dicen maraya

Aquí todos dicen maraya. Lo dicen, por supuesto, al referirse a Mariah Carey, una de las estrellas más planas que ha dado el pop norteamericano de los últimos veinte años, responsable de muchos hits y protagonista de una historia que sólo puede resultar interesante si la cuenta alguien como John Waters o el equipo de Muchachada Nui. Con esto quiero decir que Mariah Carey no es más que Mariah Carey, alguien que sólo sirve para hacer cifras y/o pasar un buen rato bailando, porque al fin y al cabo, ella una especialista, y muy buena, en eso. Y aquí,  donde casi nadie se va a tomar la molestia de leer los créditos de un disco, y menos aún de preocuparse por la genealogía del pop o el rock, a la gente no le supone ningún esfuerzo llamar a Mariah maraya, que es como se pronuncia correctamente ese nombre tramposo.  A pesar de que el nuestro nivel de inglés deja siempre mucho que desear, aquí Mariah es maraya. Y no sé si eso me maravilla, me asusta o las dos cosas a la vez. No estoy muy seguro de si entre los que dicen maraya habrá muchos que sepan decir cinco canciones de Lennon, el título de un álbum de Blondie o si Depeche Mode son ingleses o norteamericanos. Pero lo de maraya lo dicen con una facilidad pasmosa. La fonética de la palabra invita a eso, a recrearse, a decir maraya muchas veces para que el personal vea que controlas; un poco como esos nuevos ricos que se ponen encima todo lo que tienen para que el resto del mundo sea testigo de su riqueza. Un poco como todos los que confunden constantemente el glamour con una cierta elegancia; o con cosas mucho peores, como cuando Ana Obregón posó vestida de Marilyn (Monroe, que no Manson, aunque imitar a esta Marilyn hubiera resultado mucho más apropiado). Y un poco también como toda esa legión de becarios perezosos empleados en los programas del corazón, empeñados –entre otras cosas- en aplicarle el adjetivo camaleónico/a a todo aquel ser humano que tenga por costumbre cambiarse de ropa todos los días. Aquí, en el país donde todo es glamour y los famosos son camaleónicos por el mero hecho de ir a la peluquería, decir maraya está chupado. Por esa misma regla de tres, ¿dirían araya al pronunciar el nombre de Uriah? ¿Dirían fangorayasi alguien escribiera por error Fangoriah y no Fangoria? Me fascina esa soltura, ese integrarse tanto y de forma tan coyuntural en los detalles fonéticos de algo que, por lo demás, se la suele traer al pairo a la gran mayoría. Ojalá esa receptividad fuese trasladable a otro tipo de cultura y fuese habitual que se sepan los nombres de los componentes de Radio Futura o Gabinete Caligari, o quién grabó Diamond Dogs. De momento, todos dicen maraya. Y se quedan tan panchos.