¡ARRIBA EL VIXEN POP!

Ya sé que no es actualidad candente para el resto de la humanidad, pero es algo tremendamente vigente para mí. Samantha Fox y Sabrina han unido perímetro mamario para grabar una versión del Call Me. Por supuesto, al tema de Blondie no le hacen ningún favor, pero aquí lo importante es otra cosa. La canción y cómo la interpretan es un mero pretexto para reivindicar la fantasía neumática y curvilínea que sólo dos tit queens como ellas pueden generar. Verlas de nuevo, y encima verlas juntas, equivale por encima de todo, a una cosa: morbo.

A la Fox el cirujano le ha dejado la cara un poco rara y más que Samantha Fox parece Arantxa de Benito; Sabrina en cambio está estupenda, es evidente que a la genuina belleza italiana no hay quien la estropee. Pero el conjunto es maravillosamente efímero. Lo que ofrece no tiene trampa ni cartón, una alianza de escotes cuyas propietarias, porqué no, se merecen quince minutos más de gloria, y si al final es media hora, tampoco pasa nada. Al fin y al cabo, son cabezas visibles de algo que creo que por ahí llaman big tits pop, pero que prefiero denominar vixen pop.

Son un poco hijas legítimas de aquellas vixens, super vixens y mega vixens creadas por el maestro Russ Meyer. Mujeres dotadas de enormes pechos que les confieren una especie de super poder frente a la mayoría de los hombres. La música pop no tiene demasiadas representantes del vixen pop. La reina indiscutible sería sin duda Dolly Parton, que hizo de su volumen mamario su segundo talento. Alaska, que cuando estaba en los Pegamoides ya decía que quería ser como ella, materializó sus deseos años después y se convirtió en digna chica Meyer. Las últimas actuaciones de Dinarama tuvieron la alegría añadida de su escote day-glo, por no hablar de clip de Descongélate, donde recurrió al body transparente, una prenda que los fetichistas apreciamos incondicionalmente, y más aún si se lo pone Alaska. Pero tanto ella como Parton juegan en otra división, y eso significa que primero está su talento y, después, o además, está su busto. Con Sabrina y Samantha la cosa es distinta. Ambas hicieron pop ligero, italo-disco divertido amparándose en sus encantos. No crearon demasiada escuela, por no decir ninguna. Tan sólo la polaca Danuta Lato pareció seguir los pasos de la italiana. Bueno, y Brigitte Nielsen (luego rebautizada como Gitta), que también encaja en la categoría y que ya estaba ahí cuando triunfaron sus compañeras europeas.

Aunque sin duda, el concepto de vixen pop alcanzó su momento cumbre en España,. cuando se anunció el nacimiento de las Sex Bomb. Recuerdo que con motivo de su lanzamiento el director de una publicación me encargó una entrevista con ellas. “Silicon Valley”, dijo, y la situación no pudo ser ya más meyer. Ahora miro por enésima vez el clip de Samantha y Sabrina y me doy cuenta de lo sabio que era el viejo Russ y cómo a veces hay sabidurías que consisten en aceptar verdades muy simples. Los refraneros populares lo saben y los fans de Russ Meyer también. Pero sobre todo, lo saben las reinas del vixen pop.