ONCE COSAS QUE AMO DE LA MÚSICA POP

Una de las cosas que más me gusta de la música pop es la prensa musical británica (1). Leerla es un placer que te acerca a la música, a su contexto, a su importancia y su historia. Por motivos culturales, la música anglosajona no es bien comprendida en España y eso provoca que los que escribimos sobre ella aquí tengamos complejos (de superioridad e inferioridad) a la hora de abordarla. Luego abres el Mojo o el Q y te das cuenta de que allí, sobre todo, valoran y respetan a sus artistas. Críticas puntuales al margen, ofrecen una visión bastante seria de lo que escuchamos y de quienes hacen esos discos. Tampoco me cansaré nunca de experimentar  la emoción de escuchar un disco nuevo (2), da igual si se trata de un debutante, de un clásico o de uno que andaba callado mucho tiempo. Sin esa curiosidad y esa ilusión la vida no sería igual.  Por supuesto, me encanta cuando mis artistas favoritos hacen algo (3), y en ese apartado podría meter docenas de nombres, pero por cuestiones de espacio me contentaré con mentar dos nombres que a su vez contienen a muchísimos otros:  Bowie (4) (que desde que le dio el infarto no hace nada y eso hace que estés cada tanto pensando qué andará tramando) y Fangoria (5) (que sintetizan muchas de las cosas del pop anglosajón que más me gustan, pero pasadas por un tamiz cañí). Incluso cuando mis artistas favoritos se equivocan me parecen sublimes, no por un dogma de fe sino porque los altibajos hacen las trayectorias mucho más interesantes. Otra asunto que me proporciona  inesperadas alegrías es buscar en mi colección y reencontrarme con viejos discos (6). Eso da pie a redescubrir a un artista al que tenías cruzado o al que nunca le has prestado demasiada atención porque todo el mundo se empeñaba en coincidir en que había que escucharlo. Es sorprendente cómo cambia nuestra predisposición para comprender o disfrutar determinadas obras. A partir de ahí llega la necesidad de hacer playlists (7), cuanto más diversos y caóticos mejor. Una de las sensaciones más excitantes es descubrirme escuchando una canción que he elegido y que no sé exactamente de quién es (porque pertenece a uno de esos artistas relegados de los que hablaba antes). Por no hablar de la música que has escuchado miles de veces y sigue gustándote tanto como hace veinte años. Es lo que llamo canciones que definen el mapa de tu ADN emocional (8). Pero eso no evita que atraiga seguir la carrera de una nueva promesa (9), ver cómo se consolida, cómo evoluciona y si acaba formando parte del pop contemporáneo. Casi siempre se trata de nombres extranjeros porque aquí las nuevas promesas lo tienen dificilísimo siempre para evolucionar y para todo. He de confesar que también me encantan las reediciones (10). Los discos remasterizados, las versiones deluxe, las ediciones que conmemoran tal aniversario, etc. No puedo evitar sentirme atraído por la idea de tener una y otra vez el mismo disco. El caso es que mientras yo viva y pueda permitírmelo, la industria del disco tendrá un mínimo de ingresos asegurados. Y por último, quizá sea el aspecto que más amo de la música pop: la capacidad que tiene la música para alterar tu estado anímico (11). Lo dijo Nick Cave en una entrevista y estoy totalmente de acuerdo con él: una canción puede cambiar tu vida en cuestión de segundos. Sólo por eso amo y amaré a la música pop como si se tratara de una parte más de mi organismo.