Tributo al Max´s Kansas City

Aunque su fama floreció el 23 de agosto de 1970, el día que Velvet Underground dieron allí su último concierto con Lou Reed, el Max’s Kansas City llevaba años siendo el local más in del Nueva York de los 60. La fauna chic de la ciudad solía visitarlo cada noche, y los visitantes de otros rincones del mundo no se iban tranquilos de la ciudad si no habían pasado por el restaurante, bar y sala de conciertos regentada por el hoy fallecido Mickey Ruskin, un personaje merecedor de un biopic. Artistas plásticos como Willem de Kooning y Larry Rivers frecuentaban el Max’s, pero sin duda alguna, el cliente que captaba más atención era Warhol, que convirtió el lugar en su segundo cuartel general. Ruskin le fió las cenas (y otras cosas) a buena parte del underground neoyorquino durante años. A cambio, su establecimiento pasó a ser parte de la historia del pop. En su famoso cuarto trasero (la zona vip del local) cada noche era una aventura. La fauna de Warhol campaba a sus anchas, famosos como Jane Fonda y Peter O’Toole se mezclaban con modelos como Verushka o genios como Dalí. En la parte de arriba se programaban conciertos y allí fue donde Bowie se quedó prendado de las canciones de un todavía desconocido Bruce Springsteen. Con el punk, el Max’s se convirtió en una de las salas clave para la ciudad (de hecho llegar a sacar su propio recopilatorio de nuevos grupos neoyorquinos en 1976) y, siempre que su antagonismo con el CBGB’s lo permitiera, acogía a bandas como Suicide, Ramones, Patti Smith, Contortions, Devo o B-52’s. Hace algunos años, la viuda de Ruskin, publicó el libro High On Rebellion, rememorando los días dorados del Max’s. Ahora, el galerista Steve Kasher coge el testigo y nos cuenta la historia del club en el libro Max’s Kansas City: Art, Glamour & Rock & Roll (Abrams Books), coincidiendo con una exposición fotográfica en su galería y otra en la galería Loretta Howard. El genuino Max’s cerró definitivamente sus puertas en 1981. Como tantos otros hechos, lugares y personajes de aquella época tan cercana y lejana a la vez, merece la pena seguir explorando su historia, más allá de la nebulosa que imponen las leyendas y la nostalgia. Aquel lugar era único, pero de eso sólo tendremos certeza cuando sepamos bien el por qué.