MOE TUCKER

Hace unas semanas saltó la noticia. Moe Tucker, la que fuera batería de Velvet Underground, es miembro del Tea Party, y como tal fue vista en un video en el que se cagaba en la muelas de Obama y se lamentaba de ver cómo su país era arrastrado hacia el socialismo feroz. La noticia, naturalmente, produjo sorpresa. A mí, que soy fan de Velvet Underground desde que tengo uso de razón, lo que me produjo fue otra cosa. La indignación, el estupor o, simplemente, el desencanto, me habrían comido vivo si en lugar de tratarse de Moe Tucker esa actitud hubiese estado asociada a John Cale o Lou Reed. O a Sterling Morrison, en el caso de que estuviera vivo. Los tres, cada uno a su manera, han sido fieles a una manera de pensar y a un modo de vivir que van a unidos al legado artístico que nos han dejado. Cale es un genio, con todas las letras, aunque el mundo me temo que no tiene tiempo para enterarse, un tipo versado en alta economía y política internacional, con un nivel cultural apabullante. Reed es tachado de genio, aunque musicalmente es mucho más limitado que Cale, y pertenece a la progresía intelectual americana no sin razón; y al igual que su compañero, haga lo que haga o diga lo que diga, sus palabras nunca van en contra de la persona que ha sido y es. En cuanto a Morrison, que al no tener una carrera artística posterior a VU no gozó de la misma popularidad que sus ex compañeros, era un tipo con un criterio vital muy interesante y unos principios bastante claros. Después de abandonar el grupo se ganó la vida al margen de la música y se convirtió en un personaje que, con semejante trayectoria humana y vital bien podría ser el protagonista de una de las últimas películas de Clint Eastwood. En cualquier caso, insisto, hubiese sido tremendo ver a cualquiera de estos tres en la misma tesitura en la que se vio a la señora Tucker. Jacques Brel dijo que sólo los idiotas no cambian nunca de opinión, y estoy de acuerdo con él, siempre y cuando uno no cambie de opinión respecto a lo que es porque ir en contra de lo que uno es me parece una forma extrema de vileza. Apoyar aquello y a aquellos que ponen en peligro lo que eres, ya sea por ideología, por clase social, por preferencias sexuales, por cuestión de género, es algo despreciable. Moe Tucker fue una de las primeras mujeres que tocó la batería en un mundo dominado por hombres. Está presente en las grabaciones de canciones como Heroin, Venus In Furs y Sister Ray. Pululó por la Factory de Warhol entre adictos a la anfetamina, travestidos, chaperos, artistas radicales y gente con mucho dinero. Yo siempre la he visto como una mera comparsa, un personaje con un interés muy relativo una vez se la saca del contexto original en el que alcanzó la notoriedad. La historia del rock está llena de personajes así, mitificados por el efecto rebote, pero que, separados de un determinado contexto y puestos bajo el microscopio, no revisten mayor interés. No creo que Moe Tucker traicionase nada al involucrarse con la ultraderecha yanqui porque, seguramente, siempre ha debido de estar más cerca de esa postura que de cualquier otra. Lo que pasa es que la vemos en las fotos, con cuarenta años menos, las gafas de sol puestas, el pelo corto, rodeada por Warhol, Cale, Reed, Nico y Morrison y nos sorprende. ¿Qué cara pondría Lou Reed al escuchar sus declaraciones? ¿Y Cale? Si Andy levantara la cabeza seguro que estaría riéndose un buen rato, no sé si de ella o de las caras de estupefacción que han surgido alrededor de esa Moe indignada que, muy probablemente, siempre fue más afín a un cierto conservadurismo que a otra cosa .