PAPELES EN EL SUELO

Estoy revisando montañas de papeles -podríamos llamar “archivos” si estuvieran sujetos a algún tipo de clasificación, pero no es el caso-, en la habitación de mi casa que Vicente Gallart bautizó como el FNAC Room, porque más que una habitación parece una sucursal de la citada cadena. Separo y abro carpetas, de las cuales van surgiendo páginas amputadas de revistas y recortes de vete tú a saber qué año. Buscando me sumerjo en un viaje hacia el pasado que va lanzando caóticas señales. Es curioso como se nos olvidan (o quizá no deba generalizar y sobre todo se me olviden a mí) los detalles de nuestro pasado. Rodeado de fotos invisibles con las imágenes de mis ídolos, fotos colgadas en las paredes de todas las habitaciones en las que he vivido, releo ahora artículos que iluminaron mi adolescencia, destellos en medio de la confusión que era mi vida de adolescente. Textos que me contaban algo más sobre los personajes que me observaban desde esas fotos colgadas de las paredes. Artículos apasionados, a veces también inocentes aun cuando te guiaban hacia lo prohibido. Firmas que te transmitían la fascinación por el rock cuando en España el rock apenas existía. Y allí, junto a cada uno de aquellos artículos, anticipándolos o cerrándolos, estaban aquellos nombres (Ignacio, Jaime, Diego, Oriol, Jesús, Damián…) que eran más importantes que cualquiera de las cosas que podían enseñarte los libros de texto, incluidas las técnicas de reproducción de los humanos. Me asombro corroborando lo que nunca he ignorado, que entre los recortes y en las viejas revistas, estaba escrito el prólogo de lo que terminaría siendo en mi vida. Así y todo, es un extraña sensación reencontrarme con todos esos papeles que llevaban información vital sobre mí. Esos escritos y algunos más que me duele no encontrar en medio de este desbarajuste, me empujaron a atreverme a buscar mi camino, y a ellos y a sus autores les reitero una vez más mi agradecimiento. Ellos escribieron extensos pies para esas fotos pegadas en las paredes de mi cuarto.  Sin esos periodistas, seguramente yo no sería el mismo, ya que para mí la música no es un trabajo, es una parte de mí  con la que he aprendido a ganarme la vida. Empiezo a recoger todas las carpetas y revistas que he ido sacando me pregunto si en algún momento habré sido capaz de cambiar la vida de alguien del mismo modo que todos esos titulares y párrafos cambiaron la mía. Mientras tanto, ahí siguen, para siempre, las fotos en las paredes, rodeadas de montones de papeles en el suelo.