ATAQUE VERBAL

Las frases hechas lo son mucho más gracias a la revolución digital. Lo que antes era un tópico que iba y venía ahora es una especie de plaga, una enfermedad contagiosa que ataca al lenguaje hasta extirparle cualquier intención única. Prolifera una serie de coletillas y frases que van de boca en boca, saltando de texto en texto, brincando de aquí para allá y nadie parece alarmarse por ello. Aunque intento mantenerme frío y distante al respecto, hay casos en los que la situación me desborda. Día a día voy elaborando mentalmente una lista de calificativos y frases recurrentes que me molestan con tanta intensidad que hacen que me cuestione mi capacidad de autocontrol. Y no digamos si me descubro repitiendo alguno de ellas. Cada vez que me viene a la mente la palabra icono intento frenarla antes de que llegue a la boca. Sudo, tartamudeo, me atraganto y, al final, mientras me oigo decir a mí mismo esas tres sílabas radiactivas (i-co-no) me embarga una sensación abrumadora de culpa que tendría en el video clip de It’s a Sin de Pet Shop Boys una ilustración perfecta. Así y todo, no puedo evitarlo, y esa parte de mí a la que le gusta sufrir con cosas que realmente no son para tanto, hace que me siente ante el televisor cualquiera de los días que como en casa, para ver Corazón (de la estación que toque) en La 1. Ese equipo de redactores y guionistas no tiene precio. Su capacidad para escribir las voces en off más abyectas, para convertir lo banal en estúpido, es indescriptible. Si alguien lee esto y descubre que comparte conmigo esta misma desviación fetichista por el lenguaje de encefalograma plano, no debe perderse este programa por nada del mundo. Normalmente, en los espacios del corazón se habla mal, pero en éste, que pretende ser limpio y de una cristalina respetuosidad, dicho respeto choca frontalmente con una abrumadora ausencia de decoro gramatical. Reconozco que cuando lo veo logran que me interesen menos el update del affair baronesa Thyssen-Blanca Cuesta, o la nueva situación sentimental de Genoveva Casanova, que esos textos en off tremebundos que repiten constantemente lo mismo. Esas voces que en el fondo, no están solas; qué va, tienen millares de amigos que a la primera de cambio sueltan eso de que “tiene una cabeza muy bien amueblada” (y entonces yo me imagino al Humanoide IKEA) o exclaman lo de “con la que está cayendo” (espero que algún día alguien me explique qué narices está cayendo). Hay otras expresiones estrechamente relacionadas con la situación económica general que, por razones de higiene mental y anímica, me niego a reproducir, pero que también son un soniquete que sólo sirve para crear una situación colectiva de miedo y victimismo. William Burroughs dijo que el lenguaje era un virus del espacio exterior. Lo que no sabía el pobre es que ese virus llegaría a conocer mutaciones tan estúpidas.