ESPERANDO A GAGA

En la era de la información, esa información que fluye y se reproduce ya casi por ósmosis, Lady Gaga ha comprendido que no hay estrategia de marketing mejor que lanzar una imagen a la red y dejar que ésta le de forma de noticia. Cuando la Historia revise su caso, estoy convencido de que, hits y grammys aparte, será recordada como la primera artista pop hija de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Sus estilismos existen y varían a la misma velocidad que se suben videos a YouTube. Sus ocurrencias parecen pensadas para el Twitter y su tribu de fans es también la congregación perfecta de usuarios de Facebook: gente que  se aferra desesperadamente un tema para no decir nada interesante al respecto. Todo esto viene a cuento porque hoy se estrena el nuevo single de Gaga, Born This Way, cuyo lanzamiento fue anunciado meses atrás con una foto en la que la artista nos enseñaba las nalgas. A mí el culo de Lady Gaga me parece un culo simpático, pero reconozco que me atrae mucho más su concepto del escándalo y la variedad de fuentes de las que se abastece. Tras haber aprendido las lecciones esenciales de Madonna y haber comprobado, a través de la experiencia de Britney Spears, por dónde no conviene ir si no quieres perder el control, Gaga ha ido ensamblando un mundo visual cambiante que asombra a los jóvenes y deja a los más viejos del lugar, como es mi caso, maravillados ante su audacia. Empezó pillando un poco de Bowie, luego una pizca de Marilyn Manson, y no tengo yo muy claro si su equipo de asesores no le habrá enseñado algún clip de Mónica Naranjo. Hace unos días, se nos mostró la portada del nuevo single. En ella recuerda muchísimo a Mina, una artista que siempre ha sido de rompe y rasga, y a la que no se tiene más en cuenta simplemente por el hecho de que no es ni norteamericana ni inglesa. Un detalle, éste de Mina, que apenas tiene posibilidades de sobrevivir en medio de la avalancha de expectación que se genera cada vez que Lady Gaga anuncia que va a hacer algo, acelerando esa corriente de información que discurre favor pero también al margen, de discos, conciertos y clips. Ir a saludar a la reina de Inglaterra vestida como si fuera a salir en una peli de Batman o aparecer con el modelito de los chuletones son algunos de los hitos de la primera estrella pop global que es 90% imagen y 10% sustancia. Su discurso artístico ha ido formándose a medida que el feedback iba llegando (el primer disco se llamaba La Fama, como los turrones; ahora es la portavoz de los marginados), porque lo que realmente importa es llamar la atención en un mundo en el que miles de millones de personas tienen los medios para llamar la atención. A veces da en la diana, como pasó con el clip de Telephone; otras se pierde en medio de un pastiche, caso de Alejandro, que sólo puede escandalizar a los mismos que se escandalizan porque le ven el culo en la portada. Expectación es la palabra clave, y Lady Gaga sabe cómo sacarle partido ahora que lo efímero parece importante y el análisis importa tan poco como  Mina a los angloparlantes.