TRIBUTO A OSCAR DE LA RENTA

Adiós a uno de los diseñadores más elegantes de la historia, Oscar de la Renta. Fascinado desde su niñez por el color, las flores y la luz del Caribe, que siempre consideró crucial para su imaginario, no tardó en irse a Europa a formarse, primero, como pintor, pero… pronto sintió la llamada de la moda. Aprendió de Cristóbal Balenciaga en España, trabajó para Lanvin en París y, con ese bagaje, llegó a Nueva York a finales de los sesenta, trabajando para Elizabeth Arden. De la Renta se convirtió en la quintaesencia de la elegancia con solera del Upper East y fue miembro de una élite, junto a su amiga Carolina Herrera, que supo combinar a la perfección el son de Latinoamérica y el saber hacer de Europa. En una ocasión el periodista de moda británico Colin McDowell le definió como “el Cary Grant de la moda”, por su compostura y su buen humor high class. No se equivocaba. De la Renta se compró toda su vida la ropa en España, apenas salía del traje y la corbata (casi siempre la misma), y consiguió canalizar una creatividad sin límites en un universo femenino que iba adquiriendo cada vez más y más poder, algo que le hizo concluir que el siglo XXI era, directamente, el siglo de la mujer. Quizá por su veneración absoluta hacia la fémina se convirtió en uno de los diseñadores favoritos de las primeras damas y de mujeres de bandera como su musa e íntima amiga Naty Abascal. Según él, “la moda es adaptarse a cada caso” y a lo largo de su brillante trayectoria demostró que esto y un sinfín de cosas más eran ciertas.