ALWAYS, FOREVER, NOW… HASTA SIEMPRE DAVID

Este momento ya lo había imaginado. Especialmente desde la última vez que pude estar con David Delfin, ya sufriendo mucho, muchísimo por una enfermedad cruel que le fue apartando de su trabajo y de la vida terrenal poco a poco. En ese momento y como hizo desde que empezó su calvario, me mostró el luchador que llevaba dentro y, como siempre, me transmitió todo su cariño. Ese cariño mutuo que nos profesábamos surgió a principios del siglo XXI, cuando yo era un incipiente redactor de moda en Vogue España y él… se refugiaba en un garaje de Lavapiés diseñando unas camisetas que su íntimo amigo Pepón Nieto me descubrió por primera vez. Su sentido del grafismo me atrapó tanto desde un principio que no dudé en proponer dedicarle un pequeño perfil en la revista como valor en alza de una nueva moda española que empezaba a tomar forma. Así pues, en esa tarde calurosa, cogí el metro, me fui a Lavapiés, me perdí buscando el garaje y, cuando lo encontré, su sonrisa y su estusiasmo habituales me dieron la bienvenida.

A partir de ese momento, nuestros caminos (y mismas edades) evolucionaron al unísono; yo me convertí en un periodista de moda popular y él… en un icono de la modernidad española que supo poner en marcha una firma de moda que, a la vez, era una marca comercial impecable, digan lo que digan. A su alrededor, se formó un equipo creativo fascinante con el que no dejé de interaccionar una y otra vez. Entre ellos, Bimba Bosé y Gorka Postigo destacaban como sus perfectos compañeros de aventura. Todo cuadraba a la perfección y, recuerdo, que lo que más nos hacía ilusión a los dos respecto a su trabajo en la moda era que había conseguido fusionarla con otros ámbitos como el arte o la música. Ambos coincidiamos en una visión global de la creatividad y en no limitarla con compartimentos estancos. Creímos en una fusión moderna, sofisticada y, cómo no, provocadora. Como asesor de Cuca Solana para la antigua Pasarela Cibeles durante varios años, no dudé ni un instante en apoyar la entrada en su programación de la firma Davidelfin y, entonces, tras su primer desfile… se produjo el escándalo. Ahora que lo veo con distancia, me sigue haciendo muy poca gracia cómo determinados medios de comunicación le dieron la vuelta a una propuesta que, tan solo, se inspiraba en el Surrealismo como corriente artística imprescindible del siglo XX. David, un ser muy sensible y poco acostumbrado a los estruendos mediáticos con mala intención, lo pasó fatal y todos los que que creíamos en su talento le suplicamos que aguantara el tirón. Así lo hizo y así renació de una polémica que intentó acabar con él sin haber casi ni empezado a despuntar como creador, como artista, sin haber comenzado a escribir su leyenda en la moda española.

El resto de la historia está escrita y, parte de ella, en esta web. Quienes me conocen bien saben que la marcha de David, como la de su eterna cómplice Bimba hace unos meses, me afecta de un modo muy especial. Esa enfermedad cuyo nombre no quiero ni que esté presente en este post de sincero homenaje me tiene amargado desde hace ya muchos años por razones familiares. Ambos lo sabían y en mis horas bajas me ayudaron a sobrellevarlo. Incluso cuando ya estaban enfermos. Yo sigo aquí en la Tierra lidiando con mis demonios. Ellos… ya están juntos en el cielo avant-garde que se merecen (junto a la preciosa perra Ali de David y la mía, Luka, que eran buenas amigas). Ahora solo espero que no tarden mucho en reencontrarse conmigo en sueños. Dicen que si eso ocurre es porque estarán en un lugar mejor donde el dolor y la tristeza que yo siento profundamente no existen. Estoy seguro. Yo creo en eso. FOREVER.