¡HASTA SIEMPRE! MI QUERIDO MAESTRO AZZEDINE ALAÏA

Durante mis años como editor de moda de Vogue España tuve la gran oportunidad de visitar el atelier de Azzedine Alaïa en París. Solo fue una visita de cortesía que me organizó una persona cercana a él que conocía mi gran devoción hacia su trabajo, no era mi misión entrevistarle para la revista. Por ello, la dos horas que pude acompañarle fueron realmente mágicas. Su trato fue muy cariñoso hacia mi, sobre todo tras comprobar hasta qué punto conocía sus aportaciones a la moda. De los vestidos con silueta stretch a las prendas de cuero troqueladas, pasando por el animal print, su uso de las cremalleras y la lencería a la vista. Su visión de las mujeres como unas diosas poderosas que, al mismo tiempo, podían ser elegantes y sofisticadas cambió la percepción de lo “sexy” por completo y para siempre. ¿Los nombres de sus “diosas” predilectas? Grace Jones, Tina Turner, Naomi Campbell, Madonna, Stephanie Seymour, Linda Evangelista, Farida Khelfa… Gracias a Alaïa, la ropa sexy dejó de ser vulgar, ordinaria o estrafalaria y el estilo dramático y dark encontró su justa medida para no resultar gratuitamente excesivo. Él elevó todo esto y mucho más al olimpo del buen gusto a través de impecables diseños que revolucionaron los años 80 y han perdurado hasta hoy. El otro aspecto sobre Alaïa que yo nunca me cansaré de reivindicar fue su valiente decisión de no seguir el vertiginoso ritmo que la moda prêt-à-porter internacional imponía (e impone) sobre sus talentos más brillantes. ¿Necesidades comerciales? Él no hizo caso. Su propuesta era tan única e intemporal que le permitió saltarse las reglas del marketing imperante y trabajar para una selecta clientela que sabía apreciar su minuciosidad al construir piezas que eran pura arquitectura hecha moda. Alaïa nos ha dejado del mismo modo que vivió, permitiendo que su maravilloso trabajo como couturier hablara por él. Lo seguirá haciendo por siempre jamás, porque su legado es tan bello y auténtico que, por ello, solo me queda añadir de todo corazón dos palabras a este conciso texto… gracias, maestro.