Y POR FIN, HALSTON, TIENE EL DOCUMENTAL DEFINITIVO QUE SE MERECE

Se llamaba Roy HALSTON Frowick y era el glamour personificado en el Manhattan de los años 70. Alto y elegante, su personal estilo de entender la moda se reflejó también en su propio ático diseñado por Paul Rudolph y en sus oficinas repletas de espejos en la Olympic Tower. También sus ayudantes y musas se “contagiaban” de su extremo buen gusto, convirtiéndose en Halstonettes. Con su sofisticado minimalismo triunfó incluso en China, participó en el famoso desfile parisino titulado La Batalla de Versalles e impregnó unas noches de Studio 54… que acabaron con su imperio y con su propia vida.

En un nuevo documental sobre él, titulado sencillamente Halston y dirigido por Frédéric Tcheng (responsable del aclamado Dior and I con Raf Simons), por fin se valora la obra de un creador que se adelantó a su tiempo con innovaciones estéticas que la moda no supo entender en su momento. El chaval que en Chicago comenzó como escaparatista para después aterrizar en la Gran Manzana y diseñar sombreros como el famoso pink pillbox que popularizó Jacqueline Kennedy, dio el salto a la moda para renovar el American Style a través de su tienda en Madison Avenue. Allí compartían espacio la modernidad de Warhol y la alta sociedad neoyorquina… sin ningún problema. Tras años de éxitos depurando el estilo Halston hasta conseguir mostrarlo en su más pura y divina esencia en las páginas de VOGUE, algunas desafortunadas decisiones empresariales (y múltiples adicciones) le llevaron a perder el control sobre su propia firma a principios de los 80s… nunca lo recuperó y en 1988 le diagnosticaron el SIDA. Dos años después falleció.

Ahora, esta documental rinde tributo a su caleidoscópica personalidad, llena de luces y sombras, compleja y reservada, fascinante hasta límites que, probablemente, tan solo Yves Saint Laurent consiguió hacer realidad.